Lo que hay detrás de Encanto de Luna (y casi nadie sabe)

Lo que hay detrás de Encanto de Luna (y casi nadie sabe)

Encanto de Luna no nació como un plan de negocio.
Nació como un sueño que llevaba años esperando su momento.

Desde pequeña, Miry jugaba a las tiendas. Tenía una caja registradora de juguete, cobraba, hacía como que apuntaba precios y metía las cosas en bolsas con una seriedad que no era solo juego. Le encantaba esa sensación de preparar algo y que alguien imaginario o alguna muñeca “se lo llevara”.

Había algo ahí que ya apuntaba maneras.

Pero no era lo único que vivía dentro de ella.

La magia no empezó en una estantería ni en Instagram. Empezó mucho antes. Empezó cada vez que iba a casa de un familiar y veía cómo se leían cartas con naturalidad, cómo se encendían velas, cómo había minerales colocados con intención.

No era algo raro.
Era algo que simplemente estaba.

Por eso el tarot le fascinaba desde niña. Las cartas, la energía, lo invisible… siempre le resultaron familiares. Siempre hubo una parte “brujilla” en ella, pero no como etiqueta, sino como forma de mirar el mundo.

Años después, en una llamada con una de sus mejores amigas, empezaron a soñar en voz alta.

Sin plan. Sin estrategia. Solo soñando.

Y en medio de esa conversación apareció la pregunta que lo cambió todo:

— ¿Y si montamos una tienda esotérica?

Y la frase que lo terminó de encajar:

— Miry, tú eres brujilla… y una tienda es tu complemento perfecto.

En ese momento, todo se unió.

El sueño de la niña de la caja registradora.
La conexión con la magia.
Las ganas de crear algo propio.

Encanto de Luna nació entre León y Valladolid. Dos ciudades. Dos casas. Muchísima ilusión.

Pero también mucha dificultad.

Sostener una tienda desde dos lugares distintos no era sencillo. Proveedores, pedidos, decisiones… todo se volvía más complejo de lo que parecía.

Hasta que llegó el momento de elegir.

No se podía mantener así.

Y sí, hubo un instante en el que Miry pensó en cerrar. Todo acababa de empezar. Quizá era lo más práctico.

Pero los sueños que son de verdad no se apagan tan fácil.

Algo dentro decía que no. Que no era solo una tienda. Que era algo que llevaba dentro desde pequeña.

Y entonces Adri, su marido, su compañero de vida, dijo:

— Te ayudo. Me uno a tu sueño. Vamos con todo.

Ese “vamos con todo” no fue una frase bonita.

Fue apoyo. Fue amor. Fue compromiso. Fue elegir construir juntos.

También fue, aunque quizá no lo supiera del todo, el sueño inconsciente de él: tener algo propio, crear un proyecto compartido, acompañar a la persona que ama en algo que siempre deseó.

Desde ese momento, Encanto de Luna dejó de ser una idea sostenida a distancia y se convirtió en un proyecto real de pareja.

Amor, trabajo y magia bajo el mismo techo

Adri se encarga de proveedores, de la web, de las imágenes, de los vídeos, de todo lo técnico.

Miry crea rituales, prepara pedidos, habla con cada persona que escribe, piensa qué productos tienen sentido y cuáles no.

Hay una regla clara: si no lo usaríamos nosotros en casa, no entra en la tienda.

Trabajar en pareja daba un poco de vértigo. Nos habían contado que podía ser difícil.

Pero la verdad es que la mayor parte del tiempo es divertido.

Dos ordenadores.
Un “mira este incienso”.
Un “¿y si hacemos esto?”.
Probar productos nuevos.
Sahumar la casa.
Imaginar el futuro.

Adri no creció creyendo en la magia. Y hoy es el primero que quiere probar cada producto nuevo que llega.

Encanto de Luna también ha sido eso: descubrir juntos algo que ninguno había planeado exactamente así.

Cada pedido es un pequeño vuelco al corazón

Somos una tienda pequeña.

Todo está en casa. En dos estanterías y un armario. No tenemos un local todavía.

Pero cada pedido que entra se celebra.

Es un pequeño vuelco al corazón. Es ilusión real.

Es pensar: alguien ha confiado en nosotros para acompañar un momento importante de su vida.

Soñamos con crecer. Con tener un local. Con ampliar. Con crear más rituales.

De momento somos pequeños.

Pero estamos construyendo algo que empezó con una caja registradora de juguete…
y hoy se sostiene con amor, trabajo y mucha intención.